martes, 7 de noviembre de 2006

Crítica de cine: Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine)

No hay nada más reconfortante cuando vas al cine que una película que te ha gustado por el visionado de su trailer cumpla todas tus expectativas y encima las supere.


Los trailers son engañosos. Te muestran lo mejor de la película, el momento simpático o el más impactante, o directamente te cuentan la historia entera (que de estos hay muchos). Cuando una cinta no tiene mucho que ofrecer hay que engañar al espectador para que acuda a verla, aunque luego a la salida reniegue de ella, pero como ya ha dejado su dinero a ver a quien le reclama.


En estos tiempos de efectos especiales, tramas insulsas, ánimo exclusivamente recaudatorio, películas como Pequeña Miss Shunshine son un soplo de aire fresco que renuevan la esperanza de que no todo está perdido.


Cuando te sientas en la butaca del cine, comienza la película y en unos escasos tres minutos te han presentado de manera exquisita y completa la personalidad de cada uno de los seis miembros de la familiar Hoover, sin que por ello te entre pánico de que ahí se acabe todo lo que tenía que ofrecer la cinta, ya dice mucho de lo que representa.


Es una historia tragicómica sobre las peripecias de una familia y un absurdo concurso de belleza infantil a lo largo de un fin de semana. No voy a contar nada del argumento de la película porque no quiero que cualquiera que lea esto se pierda la experiencia de descubrir minuto a minuto lo que nos ofrecen tanto los personajes individualmente como la historia en general.


Sólo decir que su éxito en diversos festivales de cine y, lo más importante, premios del público, que a fin de cuentas son los que valen para el espectador medio que no se las da de culto, le avalan suficientemente para que te acerques al cine y pases un rato sumamente agradable.


La película no se queda en una típica comedia, para nada. Es una crítica a ciertas contradicciones de la sociedad americana sobre el éxito personal y lo que debería ser el tipo de familia ideal, llevada al extremo pero que sospechas que se asemeja demasiado a la realidad como para no tomártela en serio.


Los actores están inmensos, cada uno en su papel, y con personalidades tan diferentes pero al mismo tiempo tan cercanas que te sientes identificado con ellos desde el primer instante. Además, han nacido dos nuevas estrellas: Jonathan Dayton y Valerie Faris, directores de esta cinta que habrá que tener muy en cuenta para futuros proyectos. Esperemos que el dinero de Hollywood no pervierta sus ideas.


Valoración personal sobre 10: 9.


Lo mejor: El final. Es lo último que te esperas, que nadie te lo cuente.


Lo peor: Que se gaste el dinero en películas sin argumento, mientras que películas como ésta tengan que triunfar en festivales, para que una productora se atreva a distribuirla y así poder llegar al gran público.

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